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domingo, 28 de septiembre de 2008

CUARTA CRUZADA

El 25 de abril de 1203 el príncipe Alejo, futuro Alejo IV, se presentó en la corte de Emerico, donde acampaban los cruzados, y propuso que la expedición se desviase a Constantinopla y le apoyase en sus aspiraciones para ser nombrado Emperador de Oriente. a cambio de ello prometió el pago de la deuda contraída por los cruzados, añadir a la cruzada 10.000 hombres a la vez que fondos y provisiones para emprender la conquista de Egipto.

Como consecuencia de este encuentro, los venecianos ocuparon Dirraquio (la actual Durres) en nombre del prícipe Alejo y se trasladaron a la isla de Corfú, donde arribaron en Pentecostés.

El emperador Alejo III no había tomado ninguna medida para rechazar a los cruzados. El pueblo se amotinó al saber que los cruzados habían ocupado la ciudad de Zafra y Dirraquio y se produjo una matanza de los ocidentales, en especial italianos, que habitaban Constantinopla.

El 25 de mayo partió la cruzada hacia la capital de Bizancio y tras cruzar el Egeo, el Bósforo y los Dardanelos, los cruzados ocuparon Scutari (la ctual Usküdar) frente a Constantinopla, estableciendo allí su base para las operaciones posteriores, que se iniciaron el 27 de junio de 1203.

PRIMER ASALTO A CONSTANTINOPLA.

Al saber del desembarco, Alejo III agrupó apresuradamente todos los medios disponibles, llamando a la capital a todas las fuerzas establecidas en las provincias inmediatas. De esta forma llegó a contar con un ejército superior al de los cruzados, que eran unos 40.000.

El 1 de julio, cerca de Damatris, en Bitinia, el almirante Estrifno se retiró al enfrentarse a un destacamento francés, aunque sus fuerzas eran superiores, este hecho animó a los cruzados y les dotó de un sentimiento de superioridad sobre los soldados bizantinos.

Al día siguiente, 6 de junio, Enrico Dándolo forzó con la flota veneciana la entrada en el Cuerno de Oro a la vez que el francés Pedro de Bracheuil tomaba la torre que defendía el puerto junto a Galata. Al día siguiente se iniciaron los preparativos para asaltar la ciudad.

Los cruzados comenzaron el ataque el 11 de julio cruzando el Cuerno de Oro por el puente de Barbiso y estableciéndose frente a los baluartes de la muralla que defendían el palacio de las Blanquernas. A su vez, la flota se posicionó frente a las fortificaciones costeras del palacio.

Al día siguiente se inició el asalto, a pesar de las salidas de las fuerzas imperiales los francos consiguieron abrir una brecha en la muralla y los cruzados reforzaron sus ataques por tierra y mar a los que resistieron las unidades bizantinas, compuestas en su mayoría por mercenarios anglosajones, daneses y genoveses.

Por fin Alejo III se puso al frente de una gran salida, algo que no dejaba de ser una demostración, que terminó en un gran fracaso que obligó a los constantinopolitanos a retirarse a los jardines de Filopatro.

Los venecianos, a las órdenes de Enrico Dándolo, consiguieron tomar un lienzo de la muralla con 25 torres. Pero no consiguieron entrar en el interior de la ciudad. Para evitar cualquier contrataque los venecianos prendieron fuego a las casas colindantes originando un incendio que es extendió desde la eminencia de las Blanquernas hasta la iglesia de Santa Ervegetis y penetró en el barrio de Deuterón. Ante la retirada de los franceses los venecianos optaron por auxiliarlos en vez de continuar el asalto a la ciudad.

Ante la creciente irritación del pueblo y la falta de apoyo de los hombres más importantes, Alejo III decidió huir con su hija durante la noche, refugiándose en Devllos, Tracia.

LOS NUEVOS EMPERADORES.

Al saber de la fuga del emperador, Constantino, tesorero del imperio, se aseguró la fidelidad de la Guardia Imperial, prendió a la empreatriz Eufrosina y a sus partidarios, liberó al ex-emperador Isaac II Angelo y lo restauró en el trono el 18 de julio tras hacer suyos los compromisos adquiridos por su hijo Alejo.

El primero de agosto Alejo IV fue coronado co-emperador y pronto se hicieron evidentes las dificultades materiales y morales para satisfacer el compromiso de Zafra. El sentimiento de humillación que este pacto provocaba y la negativa a someterse al Papa de Roma daban forma al impedimento moral. Pero era aún el impedimento material, la autoridad de Alejo IV estaba limitaba a la ciudad de Constantinopla, no podía obtenerse ningún tributo fuera de la misma, sólo pudo reunirse la mitad de lo prometido (unos 100.000 marcos de plata). Ni Isaac, ni su hijo Alejo, estaban a la altura de la situación y, además, comenzaron a surgir desavenencias entre ellos.

Fueron los cruzados los que habían elevado a Alejo IV y eran los que le mantenían en el poder, una sección capitaneada por pedro de Bracheuil guardaba el palacio y protegía su persona después que los cruzados evacuaran la capital y acamparan cerca de Galata y el barrio judío a orillas del Bósforo. De esta forma se evitaban colisiones con los bizantinos. La escuadra veneciana había echado anclas frente a Pera.

El 25 de agosto de 1203 el emperador Alejo IV envió a Roma su profesión de fe católica indiciendo al patriarca Canateros a reconocer el primado de Roma. Pero al emperador le urgía que su autoridad fuese reconocidaen las provincias (al menos las limítrofes) antes de que la cruzada abandonase el país. De nuevo con promesas de grandes recompensas indujo Alejo IV a gran parte de los cruzados, entre ellos el marqués de Montferrato, a prestar su auxilio para someter a las provincias inmediatas. Así recorrieron Tracia en dirección noroeste hasta la frotera búlgara, sometiendo a un gran número de ciudades y castillos y rechazádo a Alejo III hasta Mosinópolis.

El 19 de agosto los flamencos que formaban parte de la cruzada quemaron la mezquita de Constantinopla (fruto de la mistad entre Isaac y Saladino). Viéndose acosados al acudor los ciudadanos en auxilio de los musulmanes. Los flamencos prendieron fuego a las inmediaciones de la mezquira, provocando un nuevo incendio que duró dos días y redujo a cenizas la parte de la ciudad comprendida entre el puerto en el mar de Mármara, la iglesia de Santa Irene y Santa Sofía hasta la playa de Perona, de donde se partía a Galata.

Estos hechos hicieron que día tras día aumentase el antagonismo entre bizantinos y cruzados. Con esta nada deseable situación se encontró Alejo IV al regresar de su campaña. Isaac II se había limitado, a pesar de todas estas calamidades y manteniendo su empeño y rigor, a reunir la cantidad convenida para pagar a los cruzados, lo que aún había exacerbado más los ánimos de sus súbditos.

A pesar de estas medidas era imposible el pago de los 200.000 marcos convenidos y cumplir la promesa de sumisión de la Iglesia Griega al Potifice de Roma, de lo que Alejo IV fue pronto consciente e inició una política consistente en esquivar a los jefes cruzados.

El dux de Venecia , harto de ser continuamente burlado, declaró la guerra a finales de noviembre sin tener en cuenta ninguna consideración. Pero la situación de los cruzados no era buena, la dureza del invierno hizo que éstos desvastaran haciendas y forrajeasen en cualquier lugar donde pudiesen obtener víveres.

En medio de esta situaciónsurgió la figura de Alejo Ducas “Marzuflo”, hombre enérgico, valiente y popular que organizó un movimiento de defensa, echando mano de los escasos recursos que quedaban al imperio, ante la ineptitud e indolencia de Alejo IV.

Pero los brulotes que arrojó contra los buques venecianos resultaron inútiles, debido a la vigilancia y acctividad de los hombres de Enrico Dándolo y las salidas que realizó se estrellaron contra la pericia de los cruzados del Marqués de Monferrato. No obstante la moral de los bizantinos mejoró y la situación de los cruzados fue más precaria.

El 25 de enero de 1204 la multitud se congregó en Santa Sofía y convocó al Consejo de Estado, al alto clero y a los magistrados superiores. En la reunión se solicitó la destitución de los Angelos y el nombramiento de un nuevo emperador. Entre los propuestos no figuraba Alejo Ducas por estar emparentado con los Angelos.

El 28 de enero Nicolás Cabanos se prestó a ser emperador. La reacción de Alejo IV fue envíar a Ducas “Marzuflo” a visitar al Marqués de Montferraro y proponer la entrega del palacion de las Blanquernas, la llave de la capital. Aceptaron los franceses, pero al llegar a ocuparlo se encontraron con las puertas cerradas y se vieron forzados a regresar a su campamento. Alejo Ducas “Murzuflo” se había negado a entregar la ciudad, se había asegurado el apoyo de los 15.000 varangos de la guardia imperial y encadenado a Alejo IV, que murió estrangulado. El emperador Isaac II murió de la impresión que le causaron los sucesos.

SEGUNDO ASALTO A CONSTANTINOPLA.

El 5 de febrero de 1204 Alejo Ducas fue coronado emprerador con el nombre de Alejo V. A pesar de la falta de recursos restauró las defensas; instruyó a los hombres disponibles; reforzó las baterías del puerto; suplió la falta de fondos confiscando los bienes de los altos funcionarios del ramo de hacienda, recaudadores y contratistas; y obligó a los occidentales que todavía quedaban en la ciudad a salir de la misma pera evitar traiciones e informaciones.

Tras algunos encuentros con destacamentos cruzados que fueron enviados a forrajear, en que salieron victoriosas las tropas de Bizancio, Alejo V intentó un golpe mayor contra un destacamento de 1000 soldados mandados por el Enrique de Flaces, Conde de Angré, que habían ido a forrajear a principios de febrero a Filea, en el mar Negro y aunas diez leguas de Constantinopla, y regresaban con un gran tren de provisiones. A pesar de la superioridad numérica Alejo V fue rechazado y el paladín del imperio cayó en manos de los cruzados. Alejo se limitóa en adelante a la defensa resignándose al amparo de las murallas de la ciudad.

A primeros de mayo de 1204 los jefes de la cruzada, el Marqués de Monferrato, el conde Balduino de Flandes, el dux y dos magnates franceses acordaron el reparto del imperio a la vez que se impulsaba la fabricación de armas de asalto. El convenio al que se llegó constaba de doce artículos que fijaban el reparto del botín y la recompensa que debía de obtener la república de Venercia, que había aseguró su supremacía política y mercantil en los territorios de Bizancio, dado que se confirmaron todos los privilegios recibidos por emperadores anteriores. Se estipuló que el nuevo empreador recibiría como patrimonio la cuarta parte del territorio del imperio y los palacios de Blanquernas y Bucoleón, el resto se repartiría a partes iguales entre venecianos y cruzados.

Al clero y las iglesias se prometían abundantes dotaciones, pero las propiedades de las iglesias griegas tenían que ser secularizadas.

Doce hombres de la confianza de los venecianos y otros doce de los cruzados formarían la comisión encargada de repartir los territorios , que debían dividirse en feudos y en el que los venecianos pidieron para sí todas las plazas donde habían estado autorizados a establecer factorías.

Una vez completada la conquista, la escuadra y el ejército permanecerían unidos un año para consolidar el nuevo estado de las cosas.

El 8 de abril de 1204 la escuadra veneciana condujo a los cruzados desde Pera al Cuerno de Oro, a un punto inmediato a las Blanquernas. En la madrugada del 9 de abril los cruzados iniciaron el asalto a este palacio siendo rechazados.

El 12 de abril se reanudó el ataque; esta vez con la ayuda de los buques, que iban unidos de dos en dos por cadenas. Los bizantinos se mantuvieron firmes, pero pasado el medio día un fuerte viento del norte llevó a los barcos venecianos Peregrina y Paraíso tan cerca de la torre Vigotti en el barrio de San Pedro que los tripulantes del primer buque pudieron arrimar las escalas de asalto y plantar las banderas tras una encarnizada lucha. Pedro de Brachueil, que mandaba la segunda nave, tomó la torre inmediata; a su vez Pedro de Amiens consiguió forzar con diez caballeros y sesenta escuderos un postigo practicado en la muralla y penetrar en la ciudad. No tardaron los cruzados en forzar tres puertas de la muralla por donde pudieron entrar los franceses a caballo. Alejo V dirigió un cuerpo de reserva desde una eminencia cercana al convento de Pantepoplos (hoy mezquita de Fetiyé) contra las fuerzas de Pedro de Brachueil, que fue auxiliado por una carga de caballería francesa que anuló el contraataque. Una parte de los bizantinos huyeron a las Blanquernas y el grueso se retiró al palacio de Bucoleón, junto al Bósforo.
Los franceses tomaron efectivamente las Blanquernas, pero no quisieron progresar por la noche, por esose reuniron cerca de los edificios que habían tomado en las proximidades de donde hoy está la mezquita de Kilisé y, para evitar una sorpresa, incendiaron las casas inmediatas. Este incendio, el tercero en un corto periodo de tiempo, redujo a cenizas la parte de la ciudad que hay entre el convento de Ervegettes y el Almirantazgo (un autor francés, testigo ocular, declaró que los tres incendios destruyeron tantas casas como existían entonces en las tres ciudades más grandes de Francia). No pudo haber reacción por parte de los bizantinos y Alejo V dio la ciudad por perdida, salió del palacio de Bucoleón, embarcó y huyó.

El mismo día 12 fue elegido emperador Teodoro Lascaris, pero no se podía esperar nada de la resistencia armada. Las tropas bizantinas desmoralizadas por años de revoluciones, mercenarias en su mayoría, empezaron a calcular las ventajas que reportaba el cambio de gobierno y a qué precio vender su apoyo. No pudo contar con ellos Lascaris.

Al amanecer del 13 de abril los cruzados alemanes avanzaron hacia Santa Sofía. No hubo para Lascaris otra salida que huir. Las tropas mercenarias entregaron las armas y quedaron en libertad, el Marqués de Monferrato ocupó el palacio de Bucoleón;en el de las Blanquernas se instaló Enrique de Flandes.

EL SAQUEO DE CONSTANTINOPLA.

Desde entonces ya no hubo medio de contener a los cruzados, que despreciando las órdenes y sedientos de botín se lanzaron sobre la ciudad. Al furor e instinto de los rudos cruzados se sumó el fanatismo y odio que sentían hacia los cismáticos griegos. Además soldados y marineros sabían que sus señores se quedarían con la mayor parte de las riquezas y se apresuraron al saqueo de la ciudad.

Enrico Dandolo pudo salvar, a duras penas, los vasos sagrados de la basílica, que donó a la iglesia de San Marcos, y los caballos de bronce de Lisipo, que tomó del hipódromo. Y que también envió a Venecia. Se dijo que los venecianos saqueaban y sólo pensaban en adquirir dinero; que los franceses hacían escarnio de todo, profanando y deshonrando personas y cosas; y que los alemanes encontraban su mayor placer en comer, emborracharse y destruir. Costó mucho restablecer el orden y sólo gracias a un eclipese, acaecido el 16 de abril, obedecieron a sus jefes, que comprendían la necesidad de establecer un nuevo emperador.

EL REPARTO DEL IMPERIO.

Enrico Dandolo fue el mayor escollo, dado que pretendía que el nuevo emperador fuese de su agrado. El más indicado era el Marques de Monferrato, pariente de los Angelos y los Commenos, y casado con la empratriz Margarita, resultando padrastro de manuel, hijo de Isaac II. Pero fue vetado por el dux. Los venecianos creían que no convenía a sus intereses un empreador enérgico, hábil y, para colmo, amigo de los Hohenstaufen que ocupaban el trono de Alemania.

Por los mismos motivos se opuso Dandolo a la elección de Enrique de Flandes. Finalmente consintió en coronar al hermano de este último, Balduino, que fue elegido el 9 de mayo y coronado en Santa Sofía el 16.

Bonifacio de Monferrato fue nombrado primer magnate, había conseguido la isla de Creta y la promesa del señorío de las tierras asiáticas que fueran conquistadas, pero cambió esta etérea posesión por las tierras griegas de Salónica, donde estableció la capital de su reino, dependiente del recién creado Imperio Romano.

Los venecianos, contraviniendo lo pactado, nombraron trece canónigos que eligieron al nuevo patriarca católico y romano a su compatriota Tomás Morosini, más tarde consagrado obispo de Constantinopla por el Papa Inocencio III. Con ello quedaba borrado del mapa el imperio bizantino y condenada la Iglesia Cismática.

jueves, 4 de septiembre de 2008

CONQUISTAS DE SALADINO

SEFORIA
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Copiado de Wikipedia en http://es.wikipedia.org/wiki/Seforia
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La Batalla de Seforia tuvo lugar entre los cruzados de Gerardo de Ridefort y las tropas de Saladino el 1 de mayo de 1187.
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Saladino (Salah al-Din), entonces con 50 años, reinaba desde 1174, año de la muerte de Nur al-Din, rey de Alepo y Damasco. Su objetivo en aquel momento era recuperar Tierra Santa de manos de los cristianos.
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Astuto diplomático y brillante estratega, Saladino firmó treguas a diestro y siniestro con distintos señores cristianos, como Raimundo III de Trípoli, por entonces en desacuerdo con Guido de Lusignan, rey de Jerusalén, a cambio de su protección sobre el “reino” de Galilea. De este modo sacó partido de las luchas intestinas que se multiplicaban en el reino de Jerusalén.
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Raimundo III de Trípoli intentó que Isabella de Jerusalén fuera la reina en vez de Sibila. Pero Jocelin III de Courtenay, conde de Edesa, tras alejar a Raimundo de Trípoli –de quien había obtenido la regencia-, consiguió reunir a los barones y lograr el apoyo de Gerardo de Ridefort, Reinaldo de Chatillon y otros nobles.
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A principios de 1187, el caballero Reinaldo de Châtillon atacó una caravana de mercaderes que iba de El Cairo a Damasco y que tenía derecho al libre paso, aunque excesivamente armada. Hay que decir que Reinaldo de Châtillon, antiguo Príncipe de Antioquía y actual señor de Transjordania, era quien más osaba atacar a Saladino, tanto en el campo de batalla, como en Montgisard como haciéndole la guerra del corso en el Mar Rojo poniendo en duda que este fuera el Protector de los Santos Lugares musulmanes. Saladino no tardó en exigir la devolución de los bienes contenidos en la caravana y la liberación de los prisioneros. Reinaldo se negó y se obstinó en la negativa incluso cuando intervino Guido de Lusignan para que se efectuase la devolución. Saladino movilizó entonces a sus tropas de Siria, juró la muerte de Reinaldo y se puso en camino el 18 de marzo de 1187, asolando de paso las regiones que atravesó, como Galilea.
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Saladino obtuvo la autorización de Raimundo de Trípoli para atravesar Galilea. Al mismo tiempo, el 30 de abril de 1187, una delegación de reconciliación enviada por el rey de Jerusalén fue al encuentro de Raimundo de Trípoli para negociar. Dicha delegación estaba formada por Josías, arzobispo de Tiro; Balián de Ibelin; Reinaldo de Sidón; Gerardo de Ridefort, maestre del Temple, y Roger des Moulins, maestre de los Hospitarios. Ambas fuerzas se encontraron cerca de Seforia en un momento en que sólo estaban presentes los dos maestres de los Templarios y Hospitalarios.
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Pese a los consejos de Roger des Moulins y de los que había dado Raimundo de Trípoli, que sugerían refugiarse en una fortaleza –el segundo había recibido de Saladino garantías de que durante su incursión por la Baja Galilea no atacaría las fortalezas donde se hubiesen refugiado los habitantes-, Gerardo de Ridefort cabalgó hasta Nazaret, convocó a todos los Templarios que encontró, y con 150 hombres, 90 de ellos templarios, incluidos el mariscal del Temple y el maestre del Hospital, se lanzó al choque contra la caballería enemiga que en total sumaba siete mil hombres. El desastre fue evidente, y cuando Balián, que se había separado del grupo para visitar Samaria, alcanzó el lugar de la batalla no halló más que cuerpos decapitados. Sólo Ridefort y otros dos caballeros lograron salvarse, aunque, eso sí, infringiendo los templarios fuertes bajas a los sarracenos)
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Raimundo de Trípoli, al ver pasar bajo los muros de su ciudad, Tiberíades, a las tropas de Saladino con las cabezas de los cristianos en las puntas de sus lanzas, hizo de inmediato las paces con Guido de Lusignan. Roto el pacto con Raimundo de Trípoli, Saladino puso sitio a Tiberíades, de la que tomó la ciudad baja mientras Eschiva, esposa de Raimundo de Trípoli –ya que éste se había unido al ejército que estaba reclutando Guido de Lusignan-, se atrincheraba en la ciudadela. El intento de los cristianos de recuperar Tiberíades dio lugar a la batalla de Hattin, el 4 de julio de 1187.
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ANÁLISIS.
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La batalla es un típico ejemplo del principio divide y vencerás, Saladino aprovechó las rencillas entre los diferentes reinos y señores en Tierra Santa conocedor de que su unión era la clave para resistir sus ataques y recibir ayuda desde Europa. Veía además reforzar su prestigio entre su pueblo, era señor de todas las tierras que rodeaban a los cristianos, en aquel momeo Siria y Egipto.
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Reinald de Chatillón pretendía minar este prestigio en medio del caos que había entre los cristianos, no podía enfrentarse a Saladino directamente, pero si podía hacer una guerrilla que tenía mucho de bandidaje.
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COMENTARIO (REINALD de CHATILLON)
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Reinaldo de Châtillon (c.1125 - 4 de julio de 1187) fue un caballero francés que no participó en la Segunda Cruzada, y permaneció en Tierra Santa tras el fracaso de la misma. Fue príncipe de Antioquía de 1153 a 1160, gracias a su matrimonio con la heredera del principado.
Era un hijo segundón de Enrique, señor de
Châtillon, descendiente de una familia de la nobleza media de Champaña, a la que también perteneció Eudes de Châtillon, papa Urbano II. Se unió a la Segunda Cruzada en 1147 para buscar fortuna. Entró al servicio de Constanza de Antioquía, cuyo primer marido había muerto en 1149, y se casó con ella en secreto en 1153, sin consultar al señor feudal de Constanza, el rey Balduino III de Jerusalén. Ni Balduino ni Aimery de Limoges, Patriarca Latino de Antioquía, vieron con buenos ojos el matrimonio de Constanza con un hombre de linaje inferior. Gracias a este matrimonio, Reinaldo se convirtió en príncipe de Antioquía.
En
1156 Reinaldo, arguyendo que el emperador bizantino Manuel I Comneno no había cumplido su promesa de pagarle cierta cantidad de dinero, decidió como represalia atacar la isla de Chipre. El Patriarca Latino de Antioquía se negó a sufragar los gastos de la expedición. Reinaldo lo hizo torturar y después ordenó que se le desnudase, se le cubriesen las heridas de miel y se le dejase al sol. Después de un día de sufrir este tormento, el Patriarca aceptó financiar la expedición a Chipre. Las fuerzas de Reinaldo devastaron la isla, saqueando y violando.
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Como consecuencia, el emperador Manuel I Comneno emprendió la marcha hacia el principado de Antioquía. Enfrentado a una fuerza muy superior, Reinaldo optó por humillarse: descalzo y andrajoso, suplicó públicamente el perdón del emperador, postrándose ante él. En 1159 se le obligó a pagar tributo a Manuel como castigo por su ataque, y se comprometió a aceptar un Patriarca griego de Antioquía. Cuando Manuel visitó Antioquía al año siguiente para encontrarse con Balduino III de Jerusalén, Reinaldo entró en la ciudad conduciendo de la brida el caballo de Manuel, expresando así su sumisión al emperador.
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Poco después, en 1160, Reinaldo fue capturado por los musulmanes durante una expedición de saqueo contra los campesinos sirios y armenios de Marash. Estuvo confinado en Alepo durante diecisiete años y sólo fue liberado cuando se pagó la extraordinaria suma de 120.000 dinares de oro, en 1176. Reinaldo regresó de su cautividad más ambicioso y sediento de sangre que nunca. Puesto que su esposa, Constanza. había muerto en 1163, y su hijastro había heredado el principado, contrajo matrimonio con otra viuda rica, Estefanía de Milly, viuda de Hunfredo III de Torón y de Miles de Plancy, y heredera del señorío de Transjordania, incluyendo los castillos de Kerak y Montreal, al sudeste del Mar Muerto. Estas fortalezas controlaban la ruta de las caravanas entre Egipto y Damasco, y permitían el acceso al Mar Rojo. Se hizo famoso por su crueldad, pues a menudo despeñaba a sus enemigos desde lo alto del castillo para que se hicieran pedazos con las rocas que había al pie de la fortaleza.
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En noviembre de 1177, a la cabeza del ejército del Reino de Jerusalén, derrotó a Saladino en la batalla de Montgisard. Saladino escapó por poco a la muerte. En 1181, violando la tregua que se había firmado entre cristianos y musulmanes, se dedicó a asaltar las caravanas árabes que pasaban por las cercanías de Kerak. Aunque Saladino exigió al rey de Jerusalén que castigase a Reinaldo, Balduino IV se confesó impotente para controlar a su vasallo. El resultado fue el reinicio de las hostilidades entre cruzados y musulmanes. Reinaldo llevó sus depredaciones hasta el Mar Rojo, atacando los barcos que transportaban a los musulmanes que peregrinaban a La Meca, y llegando incluso a saquear la ciudad de Al-Adil I, en las cercanías de Medina. Saladino juró que acabaría con Reinaldo con sus propias manos. Ese mismo año, el sultán atacó Kerak, mientras se estaba celebrando en el castillo el matrimonio del hijastro de Reinaldo, Hunfredo IV de Torón, con Isabel de Jerusalén. El sitio fue levantado gracias a la intervención de Raimundo III de Trípoli, y Reinaldo pudo volver a estar tranquilo hasta 1186.
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Ese mismo año se alió con Sibila y Guido de Lusignan contra Raimundo III de Trípoli, y su influencia contribuyó a lograr el reconocimiento de Guido como nuevo rey de Jerusalén en detrimento del conde Raimundo. También en 1186 Reinaldo atacó una caravana en la que viajaba la hermana de Saladino, rompiendo así la tregua que se había establecido entre el sultán y los estados cruzados. Aunque Guido le reprendió por su acción, intentando así apaciguar a Saladino, Reinaldo replicó que era señor de sus propias tierras y que él no había firmado la paz con los musulmanes.
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En 1187, Saladino invadió el reino de Jerusalén y derrotó a los cruzados en la batalla de Hattin. Tanto Reinaldo como el rey Guido fueron hechos prisioneros en la batalla. El cronista Imad al-Din refiere lo que ocurrió a continuación (en las crónicas árabes Reinaldo es llamado Arnat):
Salah al-Din invitó al rey a sentarse a su lado y, cuando entró Arnat, lo instaló cerca de su rey y le recordó sus fechorías: "¡Cuántas veces has jurado y luego has violado tus juramentos, cuántas veces has firmado acuerdos que no has respetado!". Arnat le mandó contestar al intérprete: "Todos los reyes se han comportado siempre así. No he hecho nada más de lo que hacen ellos." Mientras tanto, Guido jadeaba de sed, cabeceaba como si estuviera borracho y su rostro traslucía un gran temor. Salah al-Din le dirigió palabras tranquilizadoras y mandó que le trajeran agua helada que le ofreció. El rey bebió y luego le tendió el resto a Arnat que apagó la sed a su vez. El sultán le dijo entonces a Guido: "No me has pedido permiso antes de darle de beber. No estoy obligado, por tanto, a concederle la gracia. Tras haber pronunciado estas palabras, el sultán salió, montó a caballo y luego se alejó, dejando a los cautivos presa del terror. Supervisó el regreso de las tropas y luego volvió a su tienda. Una vez allí, mandó traer a Arnat, avanzó hacia él con el sable en la mano y lo golpeó entre el cuello y el omóplato. Cuando Arnat cayó al suelo, le cortaron la cabeza y luego arrastraron su cuerpo por los pies ante el rey, que se echó a temblar. Al verlo tan impresionado, el sultán le dijo con tono tranquilizador: "Este hombre sólo ha muerto por su maldad y su perfidia".
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Al rey Guido se le perdonó la vida. Estuvo prisionero en Damasco durante un tiempo, y luego se le dejó en libertad.
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Reinaldo y Constanza tuvieron dos hijas: Agnes, que contrajo matrimonio con el rey Bela III de Hungría, y Alix, que casó con Azzo V d'Este.
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En la película de 2005 El reino de los cielos (Kingdom of Heaven) el personaje de Reinaldo de Châtillon fue interpretado por el actor Brendan Gleeson.
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(1) Citado en Amin Maalouf: Las cruzadas vistas por los árabes (Madrid, Alianza Editorial, 2005); pp. 270-271
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LA BATALLA DE LOS CUERNOS DE HATTIN
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La batalla de los Cuernos de Hattin fue un importante encuentro armado que tuvo lugar el 4 de julio del año 1187 en Tierra Santa, al Oeste del Mar de Galilea, en el desfiladero conocido como Cuernos de Hattin (Qurun-hattun) entre el ejército cruzado, formado principalmente por contingentes Templarios y Hospitalarios a las órdenes de Guido de Lusignan, rey de Jerusalén, y Reinaldo de Chatillon, contra a las tropas del sultán de Egipto, Saladino. Ambos ejércitos contaban con unos efectivos similares, en torno a los 17.000 hombres cada uno.
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El 1 de mayo de 1187, Saladino había despedazado, en la Batalla de Seforia, a las tropas de Gerardo de Ridefort. Había seguido después su ruta para sitiar Tiberíades, a fin de atraer a las tropas cristianas y así afrontarlas en un terreno que le fuera favorable. Echive, la esposa de Raimundo de Trípoli, parapetada en la ciudadela, llamó en su socorro al rey de Jerusalén, Guy de Lusignan, y a su esposo, quien se encontraba en Seforia. El mensajero no tuvo ninguna dificultad en franquear las líneas enemigas, porque Saladino no deseaba más que una cosa: que los francos estuvieran al corriente de lo que se preparaba.
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Durante el consejo, reunido por orden del rey, Raimundo III de Trípoli se inclinó por dejar caer Tiberíades, a pesar de que su mujer estuviera en la ciudadela. Había adivinado perfectamente el juego de Saladino. El rey y los barones estuvieron de acuerdo con él. Esperarían que Saladino fuera hacia ellos. Pero Gerardo de Ridefort quería borrar el fracaso de Seforia y se aprovechó de la debilidad del rey para convencerlo de atacar. El día 3, al alba, el rey hizo levantar el campamento y, a pesar de la intervención de los barones, el ejército se dirigió hacia Tiberíades.
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El calor era sofocante y la retaguardia se veía continuamente acosada por los arqueros montados de Saladino; los caballeros iban a pie, ya que sus caballos habían muerto. Guy de Lusignan se dio cuenta de su error y estuvo de acuerdo con Raimundo de Trípoli, para dar un rodeo por el pueblo de Hattín, donde se encontraba un pozo de agua. Pero Saladino no se dejó embaucar por la maniobra y mandó a sus tropas para que les cortaran el camino. El rey decidió entonces establecer un campamento para pasar la noche en esta meseta. Ya no tenían agua, Los hombres intentaron dormir ataviados, por miedo a verse sorprendidos en su sueño por los enemigos. A algunos cientos de metros percibían las risas y los cantos de los musulmanes, a quienes no faltaba nada.
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A la mañana siguiente, el ejército reanudó su marcha: tenían que alcanzar el pozo de agua. Las tres columnas se desplegaron entre dos colinas volcánicas, los cuernos de Hattin. Los musulmanes los seguían acosando y los cuerpos de batalla se separaron. El rey tomó entonces una posición estratégica, al pie de los cuernos de Hattin. Pero las tropas de Saladino prendieron fuego a las hierbas secas, asfixiando a los francos con el humo.
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Saladino se tomó su tiempo, Prosiguió sus ataques de acoso y no parecía tener prisa por lanzarse al asalto final. Para el rey latino, no había más que una salida para abrir la vía hacia Hattin. Había que atravesar la barrera enemiga. Ordenó a Raimundo de Trípoli cargar con sus caballeros. Taqi al-Din, sobrino de Saladino, al mando de esa barrera, dividió entonces sus tropas para abrir el paso, pero lo cerró inmediatamente después. Las tropas cristianas no habían podido seguir y Raimundo de Trípoli se encontró solo. Al verse incapaces de ir en ayuda de su camarada, los cristianos se dirigieron a Tiro.
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Los infantes habían escalado la colina norte de los cuernos, pero se encontraron entre un precipicio y las tropas musulmanas. Muchos de ellos murieron arrojados al vacío, y otros se rindieron. Mientras, la caballería de Saladino había cargado contra los cristianos, que se refugiaban en el cuerno sur. Saladino escogió ese momento para lanzar el asalto final. Los caballeros consiguieron esporádicamente arrollar las líneas musulmanas, pero se vieron rechazados. Saladino lanzó el último asalto para apoderarse de la tienda roja del rey, donde se encontró la Vera Cruz, una sagrada reliquia. La noche del 4 de julio todo había acabado. Guy de Lusignan fue hecho prisionero, al igual que Reinaldo de Chatillon, el peor enemigo de Saladino. Como éste había prometido, le cortó la cabeza con sus propias manos.
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ANÁLISIS.
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Mientras que Saladino dio una muestra de sabiduría, en ningún momento arriesgó a sus fuerzas y hostigó pacientemente a los francos que fueron desmoralizándose hasta caer en la desesperación. Guy de Lusignan con sus continuos cambios de opinión desconcertó aun más a sus tropas e impidió cualquier planeamiento que facilitase el abastecimiento.
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Una vez tomada la decisión es importante comprobar que los que mantiene operativo a una fuerza se pueda segurar , el agua, los víveres y los suministros constituyen el músculo de esa fuerza.
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JERUSALÉN.
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2 a 16 de octubre de 1187.
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Saladino y los sarracenos sitiaron la ciudad, rechazaron varias salidas de los defensores y abrieron brechas en las murallas. Guy de Lusignan, el último rey de Jerusalén se rindió. Los cristianos tuvieron 40 días para evacuar la ciudad.
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Copiado de wikipedia en http://es.wikipedia.org/wiki/Saladino
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Tras su victoria en Hattin, Saladino ocupó el norte del Reino de Jerusalén, conquistando Galilea y Samaria sin demasiada dificultad (recuerdese que casi todas las fuerzas militares cristianas habían sido eliminadas o capturadas en Hattin).
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Posteriormente, se dirigió a la costa tomando uno tras otro los puertos con la única excepción de Tiro, plaza situada en una posición de fácil defensa, y comandada por el Marqués Conrado de Montferrato. Saladino dejó frente a Tiro a un ejército, y marchó hacia el sur, con el objetivo de conquistar Ascalón, plaza vital para la defensa de Egipto.
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Saladino liberó al gran maestre del Temple, Gerard de Ridefort, a cambio de la fortaleza templaria de Gaza y al rey Guido de Lusignan a cambio de Ascalón, que, sin embargo, se negó a rendirse. A pesar de todo, fue tomada poco después por Saladino.
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Finalmente puso sitio a Jerusalén. En aquel momento, Balián de Ibelín, miembro de una de las principales familias nobles, pidió a Saladino, poder ir de Tiro, donde estaba luchando, a Jerusalén, para sacar de ahí a su mujer e hijos a cambio de no colaborar en la defensa de esta ciudad. Sin embargo, fue reconocido, y se le pidió que comandara la resistencia de la ciudad por lo que mandó a Saladino un mensaje pidiéndole que le eximiera de cumplir su palabra de no luchar contra él, a lo que Saladino accedió.
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Inicialmente se rechazó toda propuesta de capitulación, pues ningún cristiano quería ceder la ciudad, que consideraban, al igual que los musulmanes, santa. Saladino se decidió, pues, a tomar la ciudad por la fuerza. En octubre de 1187 la situación de los defensores era ya desesperada, y Balián trató de negociar la rendición. Saladino se negó pues había jurado tomar la ciudad por la fuerza al rechazarse sus ofrecimientos iniciales, no tenía razón para ceder en nada (se cuenta que mientras Balián explicaba sus condiciones de repente un estandarte sarraceno se izó en un baluarte, muestra de que las tropas de Saladino ya habían entrado). Sin embargo, cuando Balián amenazó con destruir completamente la ciudad antes que entregarla sin condiciones, Saladino consultó con sus emires y decidió acceder a las negociaciones que incluían perdonar la vida a todos los habitantes a cambio de la rendición, aunque sus emires exigieron que pagaran un impuesto por cabeza.
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Una vez en posesión de la ciudad entregó los lugares sagrados cristianos a sacerdotes ortodoxos. Aunque convirtió las iglesias en mezquitas, Saladino tomó medidas para evitar que sus soldados exaltaran los ánimos cristianos. Balián y el patriarca Heraclio pagaron la compra de casi diez mil pobres y muchos que no pudieron pagar el impuesto para salir de Jerusalén aun tuvieron una relativa suerte: el hermano de Saladino, Saif ed-Din (Al-Adil), pagó por un buen número de ellos, como limosna a Alá por la victoria. No fue el único, siendo seguido por varios miembros de la corte. El mismo Saladino, en un acto de generosidad, perdonó a todos los ancianos de la ciudad.
Finalmente Saladino pudo entrar en la mezquita de Al-Aqsa, el tercer lugar sagrado para los musulmanes después de La Meca y Medina.
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ANÁLISIS
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Jerusalén estaba perdido desde la batalla de Hattin, si bien el poderío de Saladino era grande, el ejércio de los cruzados podría haber retenido el ímpetu musulman manteniendo su base en Jerusalén, el hecho de querer enfrentarse lejos de la ciudad, sin haber tenido en cuenta el necesario suministro dejó a Jerusalen aislada y desguarnecida. La campaña de Saladino consistió primero en anular cualquier apoyo a Jerusalén, ya fuera por tierra o mar.
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La ciudad resistió un asalto, no un asedio, no quedaba otro remedio ya que la situación de falta de suministros afectaría a ambos contendientes. Una vez que las murallas tenían una brecha se ofrecía a la ciudad la oportunidad de rendirse.
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COMENTARIO (Balián de Ibelín)
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Copiado de Wikipedia en
http://es.wikipedia.org/wiki/Bali%C3%A1n_de_Ibel%C3%ADn
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Balián de Ibelín (c. 1140 - 1193) fue un importante noble del Reino Cruzado de Jerusalén, señor de Ramla.
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Hijo de Barisán de Ibelín y hermano de Hugo y Balduino. Su nombre fue también Barisan, pero la pronunciación de este nombre en la lengua de oïl (francés antiguo) cambió a "Balián" en el siglo XII. Algunas veces —cuando se refieren a su padre como Balián— se le llama Balián el Joven. También es conocido como Balián de Ramla o Balián de Nablús.
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Su padre, probablemente de origen italiano, había sido un caballero al servicio del conde de Jaffa, y fue recompensado con el señorío de Ibelin tras la revuelta de Hugo II de Le Puiset contra el rey Fulco.
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Tras la muerte de su hermano mayor Hugo en torno a 1169, el castillo de Ibelín pasó a Balduino, quien lo cedió a Balián, preferiendo quedarse como señor de Ramla (actual Ramala). Balián y Balduino apoyaron a Raimundo III de Trípoli frente a Miles de Plancy como regente del rey Balduino IV en 1174, y en 1177 los hermanos estuvieron presentes en la Batalla de Montgisard.
En ese mismo año Balián contrajo matrimonio con María Comnena, viuda del rey Amalarico I, y recibió el señorío de Nablús.
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En 1183 Balián y su hermano apoyaron a Raimundo contra Guido de Lusignan, esposo de Sibila de Jerusalén y regente de Balduino IV. Balián estuvo presente en la ceremonia de coronación de Balduino V en 1183, mientras Balduino IV aún vivía, para evitar que Guy llegase al trono.
Balduino IV murió en 1185 y Balduino V, de ocho años de edad, se convirtió en rey, si bien murió al año siguiente. La opción de Raimundo para la corona, Humberto IV de Toron, la rechazó y se unió a Guy. Reticente, Balián brindó lealtad a Guy finalmente, mientras que su hermano rechazó hacerlo, exiliándose en Antioquía.
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Balián se mantuvo en el reino y evitó la derrota en la Batalla de Hattin en 1187. Junto a la reina Sibilla y al patriarca Heraclio, ayudó a defender Jerusalén y negoció su rendición a Saladino en octubre de ese año. Ibelín, Nablús, Ramla y todos los demás territorios de Balián fueron capturados por Saladino luego de la batalla, pero se les permitió a Balián y a su familia regresar a Trípoli. En principio, Balián apoyó a Guy en el levantamiento por la corona contra Conrado de Montferrato, pero luego conspiró con María para que Conrado se casara con Isabella de Jerusalén, la hija de María de su matrimonio con Amalarico, dando a Conrado un mayor derecho sobre el trono. Tras la muerte de Conrado y el nuevo matrimonio de Isabella con Enrique II de Champagne, Balián se mantuvo como uno de los consejeros de Enrique, y en 1192 ayudó a negociar el tratado entre Ricardo I de Inglaterra y Saladino, poniendo fin a la Tercera Cruzada. Ibelín se mantuvo bajo el control de Saladino, pero Ricardo compensó a Balián con un nuevo señorío en Caymont.
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Balián murió en 1193. Su hijo Juan de Ibelín fue señor de Beirut y condestable de Jerusalén.
Un escriba de Balián llamado Ernoul escribió una continuación en idioma francés antiguo de la crónica latina de Guillermo de Tiro.
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Balián se volvió un nombre común en la familia Ibelín durante el siglo XIII. Balián, señor de Beirut, hijo de Juan y nieto de Balián, sucedió a su padre como señor de Beirut en 1236. El hermano de Balián de Beirut, llamado también Juan, tuvo un hijo llamado Balián; este Balián fue señor de Arsuf y se casó con Plaisance de Antioquía.
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Una versión ficticia de Balián fue el personaje protagonista de la película del año 2005 Kingdom of Heaven (Cruzada en Hispanoamérica, El reino de los cielos en España), interpretado por Orlando Bloom. En la película, el padre de Balián (interpretado por Liam Neeson) se llama Godofredo (Godfrey), en vez de Barisan de Ibelín. Él regresa a Europa para buscar a su hijo natural y lo llama a seguirlo a Tierra Santa para reclamar su título de noble y encontrar perdón a sus pecados.
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En la cinta, entrega Jerusalén al sultán Saladino, salvando así la vida de cientos de cristianos. De regreso en Francia, es visitado por Ricardo Corazón de León en persona, que se dirige a recuperar Tierra Santa y sabe de su valía, pero Balián se niega a tomar parte, respondiendo que él es sólo el herrero, aunque luego toma camino de tierra santa junto con Sibila.